
EL MALECON QUE YO CONOCI.
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Eran
los años 50, esto ya hace 53 años, tenia en aquel entonces apenas 7 años
de edad y Mollendo no tenía pistas asfaltadas ni energía eléctrica todo el
día. Las calles se prestaban muy bien para jugar a los trompos o con
canicas de cristal para quienes las podían comprar o con chochos para los
mas pobres, pero al fin y al cabo siempre teníamos el placer de jugar y
ser ganadores. En
esos años no se daban los escándalos de hoy, con tantos homosexuales, que
hasta su desfile carnavalesco tienen, tampoco los parques se poblaban de
beodos juveniles, que dan rienda suelta a sus ímpetus sin control y no
solo son extraños los que allí están, son los propios mollendinos que dan
el mal ejemplo a los visitantes de verano, creando un ambiente de
promiscuidad y descontrol. Es
una pena inmensa lo que siento, cuando los viernes he bajado al malecón
Ratti donde puedo ver los jolgorios desmedidos, de quienes se apoderan de
cuanto rincón encuentren para desenfrenadamente dar rienda suelta a sus
instintos juveniles mal encaminados y botella en mano, con dudosos humos
van degradándose hasta colmos insuperables. Pero
me pregunto, dónde están sus padres? Donde sus mayores? De qué modelos han
sacado estos comportamientos? Quiénes han modelado sus vidas hasta llegar
a esos extremos? Pero es no solo a los jóvenes a quienes veo, también veo
a los adultos y mas los de afuera, por ejemplo los de Ceticos que arman
sus orgías y derrochan el dinero que escasamente ganan en medio de la
explotación de la que son objeto, ni que decir de los pescadores o de
aquellos jornaleros escasos que no tienen otra alternativa recreativa y
enrumban al desenfreno de licor, las mujeres de "sidosa" moralidad y
dudosa procedencia, pero a ellos poco o nada les importa, porque van
creciendo en medio del desenfreno que se ha apoderado de sus almas
confundidas. Es
una pena, pero es la verdad, ello se ha denunciado ya, innumerables veces,
en radios y diarios de Molendo y Arequipa, es tema de conversación en las
mañanas de mercado, las señoras lo comentan y las señoritas entre
disimulada candidez lo repiten y es que ellas también están allí, como
parte del libreto que semana a semana se repite frente a la autoridad que
ha perdido el respeto de quienes deberían guardar compostura ante la
ley. No
será que también ellos están en iguales comportamientos? Habría que
asistir a los centros nocturnos que de aquí a una buena parte de tiempo
han proliferado, donde sabemos que incluso asisten representantes de la
ley y comparten mesas con los parroquianos, también nos enteramos que las
"batidas" no son mas pantomimas que previo aviso han permitido preparar
escenarios que no atentan contra la moral, mientras que los regalos tocan
las puertas de quienes deben hacer justicia y velar por la integridad
moral de un pueblo, que no por ser puerto debe enredarse en la droga, el
alcohol y la prostitución, empeorado con la homosexualidad permitida y
aplaudida por quienes deben recuperar para Mollendo un lugar que inspire
mas respeto y ser escenario de mejores temporadas veraniegas, Por
eso digo, el malecón que conocí no era el de ahora, allí se iba a tomar el
frescor de las brisas marinas, donde muy temprano íbamos a repasar la
lección del colegio y no a aspirar olores a micciones ni a tropezar a cada
instante con heces y botellas vacías de licor y hasta vestigios de orgía
juvenil. Creo que las autoridades, si es que son tales, deberían prestar
atención a que el futuro de Mollendo depende de lo que hoy se permita o se
deje de hacer, que ello es una gran responsabilidad para todos, padres,
maestros y autoridades y que los jóvenes lejos de esos comportamientos
deberían tender a buscar mejores ocupaciones en que invertir sus energías
y economías, que bien podrían serles útiles para su propio bienestar. Después de todo, si es que esos dineros no salen de los bolsillos
de los padres permisivos, entonces deben tener dudosa procedencia,
asaltos, robos, latrocinios o cleptomanías que a la larga les convertirá
en potenciales delincuentes y terminen amando el dinero y el desenfreno
como parte de su vida y eso les lleve a fracasar tempranamente. Ojalá cuando volvamos a dar una vuelta por el Malecón Ratti este
vuelva a recuperar su prestancia de antaño y sus olores no se mezclen con
los de los alrededores de la municipalidad, en donde también se huele a
urea y amoniaco. Si, a escasos metros del Palacio Municipal, en las
puertas de la oficina de la ONP frente a Zavala allí huele a zorrino y
mingitorio. DNI 10380914.
Escuchar: "Somos de Islay" Escuchar: "Matarani Corazón"
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